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El verdadero impacto de los alimentos transgénicos
Carolina Torre Lanza
Licenciada en Biología
Master en Nutrición Clínica
Universidad Autónoma de Madrid
Todo lo que comemos o lo que vestimos procede necesariamente de los
vegetales o de sus derivados. Esta plusvalía que tienen los vegetales
es tan importante que ha marcado nuestro desarrollo social y económico.
La enorme diversidad de tipos y calidades de alimentos que nos han permitido
aumentar nuestra calidad de vida solo ha sido posible gracias a una
continua selección que el hombre lleva haciendo durante miles
de años para mejorar la calidad nutritiva, industrial y comercial
de animales y vegetales. Por ejemplo, las coles de Bruselas, la coliflor,
el brócoli y el colinabo son variedades artificiales de la misma
planta, aunque no lo parezca. Ello mismo sucede con muchas variedades
de manzanas, patatas o trigo, cuyos antecedentes silvestres solo pueden
ser reconocidas por expertos.
En un principio la selección se hacía de forma intuitiva
por parte de los agricultores. Se seleccionaban aquellas semillas o
animales que daban mejores frutos o una mayor cosecha. Una selección
artificial de los vegetales o animales para obtener las mejores variedades,
ya que sólo se utilizaban aquellos con las cualidades optimas
para el cultivo humano (densidades de cultivo altas, protección
frente a patógenos, adaptación a suelos modificados).
Así comenzó la mejora genética (la modificación
del genotipo, es decir de la expresión de los genes en la planta)
de los vegetales y animales de granja. Esto es, de una forma acientífica
e inconsciente.
El método científico no se utilizó hasta el siglo
XVIII con la revolución industrial y posteriormente con el descubrimiento
de las leyes de Mendel. La necesidad de siembras más densas,
los monocultivos, las resistencias a plagas y enfermedades, entre otras
variables, propició un desarrollo científico de las bases
de la genética vegetal para poder paliar las nuevas necesidades
de una sociedad industrializada en rápido crecimiento. De este
modo se hicieron los primeros cruces entre plantas silvestres y cultivadas
para la obtención de nuevas variedades mejor adaptadas a los
nuevos requerimientos de cultivo y se descubre la sexualidad de las
plantas.
Sin embargo con el cruzamiento y posterior selección entre las
distintas variedades de una misma especie o de especies muy próximas
evolutivamente no se conseguía la incorporación de otras
cualidades deseadas (codificadas por otros genes), implicados en funciones
biológicas útiles, que poseían distintos organismos
como las bacterias u hongos (enzimas que les confieren resistencia a
determinadas insectos o una mayor resistencia a condiciones adversas
del medio) y que proporcionaban un valor añadido al producto.
Había que seguir añadiendo fertilizantes e insecticidas
a los cultivos, con el consiguiente peligro de salud añadido
y un mayor gasto económico.
En este campo, primero se descubrieron los métodos de mutagénesis
artificial (con los que se obtiene nuevos genes por exposición
a mutagénicos químicos y físicos) y la poliploidia
(duplicación del número de cromosomas). Pero estos métodos
tampoco permitían añadir los genes deseados procedentes
de otros organismos, aunque ya se empezaba a conseguir mejoras en la
manipulación del genoma. A partir de ese momento se comienza
a estudiar otras técnicas alternativas con criterios científicos
que permiten prescindir de la necesidad de cruzar plantas de una misma
especie e incorporar características presentes en otros organismos
alejados en la escala evolutiva imposibles de insertar por cruzamiento
entre ambas (transferencia horizontal o extraespecífica de genes),
ya sean de humanos, de bacterias o de plantas. En la actualidad la Mejora
Molecular o ingeniería genética es una nueva técnica
con más éxito que la poliploidia y la mutagénesis.
La nueva ingeniería genética permite mejorar las cualidades
nutritivas buscadas, a la vez que aumenta los rendimientos de los cultivos
que requiere el crecimiento imparable de nuestra sociedad.
De esta forma nace en la de cada de los 70 los “Alimentos Transgénicos”
o nuevos Alimentos que se definen como productos o ingredientes obtenidos
a partir de cualquier organismo modificado (insertando puntualmente
algún gen de planta, animal o bacteria) para mejorar alguna de
sus características o añadirle nuevas.
La transferencia génica horizontal (1) entre diferentes organismos
se utilizó en un principio solamente para la producción
de fármacos como la insulina, modificando microorganismos genéticamente
en el laboratorio (se transfiere el gen de la insulina humana a la bacteria
para que lo produzca). Al avanzar esta técnica se consiguió
obtener enzimas de uso comercial como la quimosina a partir de bacterias,
con la misma función que la obtenida de los estómagos
de terneros para la elaboración de queso. Por ultimo, en la década
de los años noventa se obtuvieron vegetales y animales modificados
genéticamente.
Los resultados de la biotecnología han permitido alcanzar todos
lo sueños de agricultores, empresarios, farmacéuticos
y consumidores:
- Una vida comercial más larga de los productos. El primer
alimento transgénico que se comercializó, el tomate flavr-savr,
tiene una vida mas larga de conservación al haberle introducido
un gen antisentido que silenciaba los genes de la maduración
- Mayor resistencia a las condiciones climáticas del lugar de
cultivo (heladas, sequías, etc., etc.).
- Resistencia a herbicidas. Es el campo mas fértil que
permite reducir la cantidades de herbicidas utilizados en el cultivo
y su llegada al los consumidores
- Resistencia a la presencia de insectos patógenos
- Mejores cualidades nutritivas. Tomemos como ejemplo los llamados
alimentos funcionales, aquellos que llevan incorporados sustancias
beneficiosas que se encuentran en otros organismos. En este caso
podemos hablar de la leche de vaca que lleva proteínas de la leche
humana y que la dotan de un efecto protector en el niño, como es
el caso de la lactoferrina.
- Una mayor producción que permite el abaratamiento de los productos
y el abastecimiento independientemente de las condiciones climáticas
y el tipo de tierras que existan para el cultivo.

(1) Entendemos por transferencia génica horizontal la inclusión de genes
animales, vegetales o bacterianos en el genoma de una especie de interés
comercial).

Sin embargo los nuevos alimentos, a diferencia de otros productos con
otras aplicaciones como medicamentos o productos industriales, no han
sido bien aceptados por los consumidores en sus hábitos alimenticios.
Una de las causas principales es debida al bombardeo mediático de pluralidad
de elementos como las ideas erróneas sobre posibles efectos nocivos
para la salud, la experimentación con los vegetales transgénicos, o
sobre el mal uso que se hace de ellos. Informaciones que, generalmente,
no tienen una base científica sólida y utilizan argumentos tales como;
"no debemos jugar a ser Dios", o "la manipulación genética es una forma
de comercializar la vida". Por otro lado, existen afirmaciones que señalan
a los transgénicos como posibles peligros ambientales, o peligros para
la salud humana. Todo ello, al final, ha convertido todo aquello que
rodea a las nuevas tecnologías agrícolas en un mar de confusiones y
ha generado una desconfianza hacia los expertos en el tema.
Pero si los estudiamos desde un prisma científico riguroso, todos los
posibles riesgos que les atribuyen a los alimentos modificados genéticamente
caen por su propio peso. Numerosos ensayos de campo y en el laboratorio
confirman la inocuidad en el medio natural de los OMG y su calidad nutricional.
Los alimentos transgénicos pasan por controles realizados por comités
científicos independientes mucho más estrictos, que los que usualmente
pasan los alimentos de los que proceden. En la Unión Europea los controles
están regulados por la Directiva EC 258/97, controles que confirman
una seguridad alimentaria y unas cualidades nutritivas equivalentes
o superiores a sus predecesores. Estos controles consisten en una identificación
de todos los nutrientes (2), antinutrientes y posibles toxinas, y son
un tipo de controles, que no se hacen generalmente con los alimentos
predecesores (3).

(2) Un primer paso de los controles es la identificación de todos los
nutrientes del transgénico, que tienen que ser iguales en cantidad y
composición al alimento del que proceden. Cuando cumplen la igualdad
se dice que son alimentos con equivalencia sustancial.
(3) En este tipo de controles todos los nuevos alimentos se prueban
en animales de laboratorio para ver si existe en el alimento algún grado
de toxicidad aguda, subcrónica y crónica, de mutageneidad, metabolismo
y oncogenicidad que puedan contener.

Para que todos los alimentos sean considerados como equivalentes sustancialmente
a sus predecesores han de pasar una evaluación de miles de análisis
en el laboratorio y en el campo, que contemplan varias cuestiones:
- Cambios buscados por la manipulación
- Posibles cambios no pretendidos
- Estabilidad de la nueva construcción genica generada por la inserción
de gen o genes en el genoma de la planta de cultivo
- Posible transferencia génica horizontal a otras plantas
Por lo tanto, aquellos alimentos nuevos que llegan al mercado no tienen
mayor riesgo de contener toxinas u otros nutrientes que sus predecesores.
El hecho de haber encontrado varios casos de ingesta de productos peligrosos
procedentes de la mejora tradicional ante determinadas condiciones ambientales
(4), argumenta a favor de la seguridad de los alimentos transgénicos.
Las modificaciones génicas puntuales y controladas a las que se someten
las variedades transgénicas permiten predecir su posible alergenicidad
o toxicidad, a diferencia de lo que ocurre con los alimentos predecesores,
que han sufrido grandes cambios génicos no caracterizados a lo largo
de su historia.

(4) Tomemos como ejemplo la línea de apio que acumulaba un carcinógeno
psoraleno como respuesta a la luz y una variedad de patatas en Suecia
que acumulaba toxinas de solanina ante bajas temperaturas.

Otro argumento crítico hacia los alimentos trangénicos ha sido su posible
repercusión en la resistencia a antibióticos por la aparición de nuevas
cepas bacterianas intestinales al consumir el nuevo ADN. Aunque ya no
se utilizan genes de resistencia a antibióticos para localizar en el
laboratorio el gen que se transfiere, su captación por las bacterias
intestinales sería casi imposible. Para que sucediera esto el gen de
la resistencia al antibiótico tendría que mantenerse intacto. Sólo con
el procesado de los alimentos el ADN se destruye, y en el caso de que
el alimento se comiera crudo, el paso del alimento por el tracto digestivo
en el hombre asegura su hidrólisis, como ocurre con las proteínas grasas
y azucares en la digestión. Pero si por cualquier razón la molécula
de ADN consiguiera esquivar su rotura por las enzimas digestivas el
siguiente paso, su captación por las bacterias intestinales, es también
muy remota, casi imposible. Su localización dentro de un genoma vegetal
que no contiene los mecanismos moleculares para la entrada del ADN en
una bacteria y su inserción en el genoma de esta imposibilitan la posible
transformación de las bacterias intestinales. Además, para que estas
bacterias transformadas crecieran en el intestino por encima de lo normal,
tendría que existir una presión selectiva que favoreciera a las bacterias
con el gen de resistencia al antibiótico. Consideramos a este respecto,
que es mucho más preocupante el abuso que en la actualidad se hace de
los antibióticos y la adición de estos fármacos como suplementos nutricionales
para el ganado de corral.
Desde el punto de vista ecológico, el impacto que provoca el cultivo
de los transgénicos en los ecosistemas es similar o menor a cualquier
otra práctica agrícola. La ingeniería genética ha conseguido reducir
la utilización de los plaguicidas, que no discriminan entre insectos
dañinos y beneficiosos, que afectan a la micro y macrofauna del lugar
y contaminan las aguas que circulan cerca en las zonas agrícolas. Además
se utilizan estaciones agrícolas separadas y controladas para los cultivos.
En definitiva el riesgo ecológico no esta en que las plantas sean transgénicas
o no, sino en las técnicas agrícolas que se utilicen. De echo, en 1987,
la Academia Nacional de Ciencias de los EE.UU. y dos años mas tarde
el Consejo Asesor de Ciencias de los EE.UU., concluyeron que "los
cultivos modificados por métodos moleculares no suponen riesgos distintos
a los de los modificados por métodos genéticos clásicos para rasgos
similares".
El conocimiento exhaustivo de la secuencia y función de los genes que
se introducen en las plantas transgénicas permiten conocer todos sus
riesgos, incluso su posible grado de invasividad y patogenicidad. La
posible contaminación génica, es decir, el intercambio de los genes
con las especies silvestres del lugar es un posible riesgo que depende
de la facilidad que tenga la especie para cruzarse con las silvestres,
algo que no es una característica exclusiva de las plantas transgénicas.
Para evitar la posible transferencia horizontal de genes de las plantas
transgénicas a las silvestres, se estudiaron hace 20 años las distancias
mínimas de separación entre las distintas variedades de cultivo y las
silvestres, con objeto de evitar la transferencia (5) y en la actualidad
se están estudiando técnicas genéticas para la contención de genes.
La invasividad del medio de las nuevas plantas es algo inverosímil porque
esta capacidad depende de la coadaptación de varios genes y la modificación
que han sufrido estas plantas de uno o dos genes no puede provocarlo.
La probabilidad de que una planta transgénica invada un territorio es
igual o menor que para la silvestre correspondiente, ya que la domesticación
de la primera la hace depender de los humanos. Sólo en el caso en el
que el transgen le confiriera una mayor capacidad de supervivencia a
la especie que aun no esta totalmente domesticada, podría causar la
invasión en el ecosistema.
En resumen, los argumentos expuestos hasta aquí aseguran que los transgénicos:
- No son sinónimo de antinatural porque no se modifican ninguno
de sus características naturales. Solo se añaden nuevas funciones
biológicas que no afectan a su composición.
- Lo natural no siempre es lo mejor en seguridad medioambiental
y alimentaria.
- No son perjudiciales para la salud.
- Los genes no son buenos o malos porque procedan de una bacteria
o de un virus. Independientemente de su procedencia los genes siempre
cumplen la misma función. Solo se insertan aquellos genes que aportan
funciones biológicas que no se encuentran en la especie cultivada,
útiles para la obtención de productos de mayor calidad y rendimiento.
En general, las principales críticas que hemos señalado hasta aquí en
contra de los alimentos transgénicos se basan en planteamientos ideológicos
mas que en argumentos científicos y lo único que sugieren es que un
retraso en la obtención de todos los beneficios que aportan estas nuevas
tecnologías. Una mayor y mejor información es imprescindible para que
se restaure el mutuo entendimiento entre agricultores, mejoradores y
consumidores. Los nuevos productos son necesarios, pero han de ser aceptados
con confianza.

(5) El resultado final fue la recomendación de una separación de 50
metros entre las distintas variedades.

Para más información acerca de este tema:
Para más información; Iañez, Enrique (Cord.). "Plantas transgénicas:
de la Ciencia al Derecho". Ed. Comares. Granada, 2002.
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